El dolor callado de un aborto

El dolor callado de un aborto

Hay mucho dolor callado detrás de un aborto

Cuando una mamá primeriza pierde un bebé la primera frase que nos viene a la mente es “tranquila es algo que suele pasar con el primer embarazo, verás que el segundo es diferente”.

En esta frase quisiéramos envolver todo el consuelo posible, pero se queda corta porque la pérdida de un bebé y la ilusión de su llegada te marcan.

En mi caso, como en el de tantos otros fue el primer embarazo, ese bebé cuya misión era que aceptáramos que estábamos listos para ser papás y era momento de intentarlo.

Ese bebé dejo una huella en mi corazón de la que pocas veces hablo y sé que es algo que se repite continuamente.

Un embarazo llega algunas veces de manera esperada y otras por sorpresa pero en general, una vez que pasas el susto de la noticia la ilusión llena tu vida. Una nueva vida crece en tu vientre y vendrá a cambiarlo todo.

Todo tu cuerpo comienza a trabajar para que esa pequeña vida se logre y esa esperanza crece en ti, en tu pareja y en tu familia.

Sabes que existe la posibilidad que antes de los 3 meses pueda suceder algo, pero nunca piensas que eso te pasará a ti.

A mí me pasó y fue un dolor muy grande que me guarde en el corazón por meses, por años hasta que algo me dejó liberarlo y me sentí mucho mejor.

Nuestra experiencia fue complicada porque lo viví sola mientras mi esposo moría de la desesperación a través de la línea telefónica, pues estaba en otro país por trabajo.

Nadie en casa sabía aún que estaba embarazada, así que yo no puede más que encerrarme en mi casa por una semana.

Las lágrimas llegaron de a poco y las guardé para otra ocasión y cuando llegó mi pareja, puse mi cara de fortaleza y contamos la noticia.

Esa fortaleza era externa y sin darme cuenta comencé a subir de peso, de alguna manera necesitaba sacar ese dolor que decidí ocultar.

En el momento que me di cuenta que algo me estaba haciendo daño lloré como antes no había llorado y cerré ese capítulo en mi vida, hasta que años después decidí escribir al respecto.

La pérdida de un embarazo duele y debemos darnos la oportunidad de vivir nuestro luto, aunque no exista un cuerpo al que llorarle.

Nuestras experiencias se pierden y no solo nosotros sufrimos, lo hace también nuestra pareja, que muchas veces no sabe cómo ayudarnos cuando el mismo se siente dolido.

Las lágrimas curan el alma cuando estamos tristes, así que no dejen que se ahoguen en su garganta, dense el tiempo para hacerlo antes de vestirse de fortaleza.

Sigo recordando con cariño a ese angelito que nunca nació, pero que nos cambió la vida.

Fotografía

Share to Google Plus
Más galerías | Deja un comentario
Esta entrada fue publicada en mamás. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *