El cáncer de mama es real

El cáncer de mama es real

Como cada octubre el mes rosa se pone de moda, los perfiles de las redes sociales cambian de color y escritos, datos e información acerca del cáncer de mama llega a nuestras manos sin embargo, ¿realmente dejamos que esta información entre en nuestros propios hábitos y signifique un cambio?

Por experiencia les digo que no y aquí me encuentro escribiendo acerca de la importancia de la autoexploración y de la mastografía anual cuando mi propia cita esta vencida hace 6 meses y me exploro cuando me acuerdo.

¿Por qué nos cuesta tanto cuidarnos a nosotras mismas? La visita anual al ginecólogo ya es parte de mi ritual periódico de revisiones a pesar de lo poco que me agrade la experiencia, pero no he conseguido sumar la mastografía a este ritual y aunque termino haciéndomela siempre lo hago unos meses después.

Nadie quiere escuchar la palabra cáncer a nuestro alrededor, es una palabra que ocasiona mucho daño y que cambia demasiadas cosas en la dinámica de una familia. Sin embargo, el cáncer de mama puede ser curable si se detecta a tiempo y necesitamos realmente entenderlo.

Este año una amiga muy querida ha sido diagnosticada con cáncer de mama y ella es un ejemplo vivo de la importancia de la detección oportuna.

Como una guerrera ha salido adelante aunque las huellas en el cuerpo y el alma permanezcan.

La palabra cáncer nos cimbra de pies a cabeza y aunque deseamos con el corazón que nunca nos suceda todas estamos expuestas a padecerlo.

El cáncer existe y puede llegar a nuestras vidas cuando menos lo pensamos. Creo que ante esa posibilidad lo único que podemos hacer es intentar llevar una vida lo más saludable y balanceada posible, pero a esos cuidados debemos agregarle la responsabilidad que tenemos nosotras mismas ante la posible detección oportuna.

Debemos auto explorarnos una vez al mes pero necesitamos que sea un hábito. Pongan una fecha específica, un recordatorio en el celular, algo que realmente les permita recordar que no puede pasar un día más sin hacerlo. Acudamos a nuestros chequeos anuales y no olvidemos la mastografía.

El temor al examen, la flojera de tener que dedicarle tiempo a la mastografía no son nada comparados con los resultados. Hay que abrazar la vida con todo lo que nos mande pero responsabilicémonos de nuestra propia contribución.

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