Los hijos olvidaran

Los hijos olvidarán

“El tiempo es un animal extraño. Se parece a un gato, hace lo que quiere. Te mira con astucia e indiferencia, se va cuando quieres que pare y permanece inmóvil incluso cuando le pides por favor que se vaya.

El tiempo a veces muerde mientras ronronea o te araña mientras te besa. El tiempo, poco a poco, me liberará del agotador esfuerzo de tener niños pequeños. De las noches sin dormir y de los días sin descanso.

De las manos regordetas que me agarran sin parar, que tiran de mí. Que se revuelven sin restricciones y sin titubeos. De un peso que ha llenado mis brazos y ha doblado mi espalda. De las voces que me llaman y no admiten demoras, esperas ni vacilaciones.

El tiempo me devolverá el ocio vacío del domingo por la mañana, las llamadas telefónicas sin interrupción, el privilegio y el miedo a la soledad.

Facilitará, tal vez, el peso de la responsabilidad que a veces me abruma el diafragma. Pero el tiempo inexorablemente se enfría de nuevo en mi cama que ahora está cálida con sus cuerpos pequeños y sus rápidas respiraciones calientes.

El tiempo vaciará los ojos de mis hijos que ahora rebosan de un amor poderoso y abrumador.

Se llevará lejos de sus labios cuando gritan mi nombre, cantan, lloran o pronunciando cien mil veces al día.

Se borrará la familiaridad de su piel con la mía, la absoluta confianza que nos hace prácticamente un solo cuerpo.

Con el mismo olor con el que acostumbramos a mezclar nuestro estado de ánimo, el espacio, el aire para respirar. Llegará a separarnos en parte, la vergüenza, el juicio, el pudor. La conciencia adulta de nuestras diferencias.

Como un río que cava la piedra en la arenisca, el tiempo pondrá en peligro la confianza absoluta que tiene hacia mi. Capaz de detener el viento y el mar en calma. Reparar lo irreparable, curar lo incurable, de resucitar entre los muertos.

Dejarán de buscarme para pedir ayuda ya que dejarán de creer que puedo salvarles de cualquier cosa. No se detendrán para imitarme, porque no querrán parecerse demasiado a mí.

No preferirán mi compañía antes que la de cualquier otra persona, y que Dios nos ayude si esto no sucede.

Se desvanecerán las pasiones, la ira, los celos, el amor y el miedo. Se apagarán los ecos de risas y canciones, las canciones de cuna y los cuento que una vez resonaban en la oscuridad.

Con el tiempo, mis hijos van a encontrar que tengo muchos defectos, y, si tengo suerte, me perdonarán algunos.

Sabio y cínico, el tiempo traerá el olvido. Se olvidarán, aunque yo no lo olvidaré jamás. Las cosquillas y los juegos. Los besos en los párpados y las lágrimas que se calmaban en mis abrazos.

Los viajes y juegos, los paseos y la fiebre alta. Los bailes, las tortas, las caricias mientras no dormíamos juntos.

Mis hijos olvidarán. Se olvidarán que les he amamantado y les he acunado por horas. Que les he dado de comer y les he dado consuelo siempre que se caían.

Se olvidarán que han dormido en mi pecho noche y día, que hubo un momento en que me necesitaban tanto como el aire que respiramos.

Se olvidarán, porque eso es lo que hacen los hijos, porque eso es lo que demanda el tiempo.

Y yo, yo voy a tener que aprender a recordar todo para ellos, con ternura y sin pesar. De forma gratuita. Mientras el tiempo, astuto e indiferente, sea amable conmigo que no quiero olvidar.”

Hermoso texto que yo solo me atrevo a compartir pero desconozco su autoría.

Fotografía

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