Maternidad

La maternidad también pasa factura

Me encanta ser mamá y he tenido la fortuna de dedicarme a mis hijos desde que nacieron. Cuando llego mi pequeña yo aún trabajaba en la tesorería de un banco, en el que había sido el puesto que más feliz me había hecho, y tomé la decisión de cambiar los trajes sastres y tacones por acompañar a mi hija día a día.

Al año de mi pequeña comenzaron a llegarme ofertas de trabajo que me tentaban porque aunque estaba contenta con mi decisión había días que me preguntaba: “Quién demonios te dijo que podrías estar en casa sin un trabajo de oficina”– pero después me daba cuenta que era lo mejor.

Llegaron las ofertas junto a la noticia de un nuevo embarazo y decidí que si a mi pequeña le había dado un año de mi vida entero también se lo daría a mi hijo. En el proceso de mi embarazo era feliz, sentía que mis días tenían sentido pues una vida estaba formándose dentro de mi ser y otra vida crecía cada día a mi lado.

Los días pasaban, llego mi segundo hijo y los días siguieron pasando en paseos diarios por el parque, desayunos con amigas que tenían hijos de la misma edad, tardes de juegos sin final, divertidas horas de baño, la adorada lactancia y después todos esos pequeños detalles que te llenan de satisfacción cuando eres madre de niños pequeños.

Sin embargo algo crecía en mi, algo que a pocas personas le he contado en mi vida. Yo tenía todo para ser feliz pero no lo era, comencé a estar irritable y aunque me controlaba me daba cuenta que algo me comía por dentro.

Estaba enojada con el hecho de ser madre, si así como lo leen, estaba completamente enojada por todo lo que había quedado en pausa, todo lo que había dejado de hacer y por no saber donde me había metido.

Esto no lo supe de la noche a la mañana sino al recurrir a un tratamiento de flores de Bach en busca de ayuda. Me dijeron que algo había pasado en mí hace “X” años que me tenía enojada y yo me di a la tarea de analizarme para encontrar la causa que me tenía con el enojo a flor de piel y la respuesta fue la maternidad. Me dolió mucho darme cuenta que algo tan hermoso me estuviera haciendo daño.

Ser mamá no es sencillo aunque sea gratificante y te llene de amor, cambia tu vida de una manera que nadie te prepara y hay veces que decides dejar cosas a las que no estabas lista por dejar.

No concibo mi vida sin mis hijos y ahora con el paso de los años sé que fue la mejor decisión de mi vida, agradezco cada día que pasé y paso con ellos pero la maternidad me paso factura porque no estaba preparada.

Con lágrimas en los ojos admito que la maternidad me dolió y me comenzó a transformar en un ser que no era y detrás de todo ese amor existía enojo. Los años han vuelto a transformar ese enojo en amor pero quiero que sepas que no estás sola si alguna vez te sientes de esa manera y que volvería a repetir cada segundo al lado de mis hijos.

Fotografía vía flickr.com

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