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Tarde de té y celebraciones

Hace algunos meses se dejaba ver en el calendario la posibilidad de que yo acompañara a Carlos en un viaje de trabajo a Londres. Trabajo para él y tiempo para mí para explorar esta ciudad que me fascina, volver sobre mis pasos y escribir y ponerme al día con algunos proyectos.

Al saber la posibilidad mi esposo hizo una reservación para la hora del té en el hotel Savoy, uno de los hoteles más emblemáticos de Londres, tradición y años de historias lo preceden. Así que hoy desperté sabiendo que teníamos un día muy especial pues con nuestro aniversario tan cerca había decidido darle un regalo muy especial a Carlos para que recordara nuestros 10 años de matrimonio.

Él por su cuenta, tenía algo similar en mente aunque nunca me lo dijo. Mi regalo de aniversario me lo había dado de manera anticipada así que yo solo esperaba una tarde mágica de nuestra experiencia en el restaurante “Thames Foyer Afternoon Tea” en el Savoy.

Elegí un vestido nuevo, con térmicos por debajo por aquello del clima y debo decirles que me veía muy bien. Él se pudo escapar un poco más temprano de su trabajo y nos vimos para dar un recorrido por Londres y llegar a tiempo para nuestro “Afternoon Tea”.

Al llegar al hotel puedo decir que quede impresionada por su majestuosidad, por su lujo y al mismo tiempo ese ambiente que te hacía sentir como en casa. Ambos nos veíamos muy bien, con nuestros elegantes “outfits” y sentados en un lugar que ha visto pasar muchas personalidades de la historia.

El lugar tiene música en vivo, un piano que nos recibió con melodías de película. Al entrar recuerdo perfecto una melodía de las películas de Disney y así me sentía yo, como toda princesa entrando con su príncipe azul a disfrutar de una tarde mágica.

Al sentarnos en nuestra mesa nos preguntaron si celebrábamos algo y Carlos no tardo en decir que era nuestro aniversario y mi cumpleaños. Claro, no el día exacto, pero si la celebración de 10 años juntos y 40 años de vida.

No podía creer la coincidencia porque ambos teníamos en mente comenzar el festejo en tan especial lugar. Elegimos el tradicional te inglés con nuestros sándwiches, “scones” y deliciosos pastelillos pero le agregamos un toque de champagne.

Así, mientras disfrutábamos de nuestra copa deje dos pequeños paquetes en la mesa que había comparado en París especialmente para Carlos en nuestro aniversario. Estaba encantado con sus regalos y fue ahí cuando el momento se convirtió en una felicidad irreal.

Un momento mágico en el que te sientes que no perteneces a este mundo, un mundo atemporal de felicidad en el que al estar en el ambiente que nos rodeaba parecía que podía entrar una señora con vestimenta de siglo pasado en cualquier momento.

Gente celebrando o simplemente disfrutando el té con su pareja, vestidos con un traje de coctel y uno que otro en smoking. Nosotros nos sentíamos flotando disfrutando cada momento esa felicidad y esos esquistos sabores.

Para sellar la tarde con broche de oro decidimos pasarnos al bar del hotel y que buena decisión. Un ambiente muy diferente pero una vez más un momento solo para nosotros que quiero eternizar con estas palabras además del recuerdo que queda en mi alma para siempre.

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