Mi cuerpo de mujer

Mi cuerpo de mujer

Adoro el hecho de ser mujer, mi esencia, mi feminidad y mi fortaleza pero tengo que admitir que he pasado por diferentes etapas a lo largo de mi vida.

Esta reflexión vino a la mente hace unos días que me veía al espejo antes de meterme a bañar, mi cuerpo pleno, imperfecto y bello. En unos días cumpliré 40 años y puedo decir que quiero y acepto mi cuerpo como en muchas etapas de mi vida no lo hice.

La vida te regala un cuerpo bello que vas conociendo desde tu infancia, un cuerpo que va creciendo, va cambiando y en algún momento comienzas a comparar con el resto.  Ese cuerpo de mujer que aprendes a cuidar, a querer y a gozar pasando a veces por etapas de tabúes que impone la cultura en la que fuimos educadas.

La ironía de la vida, cuando tienes el cuerpo perfecto, con todo en su lugar es la época en la que más insegura eres de ti misma. Después llega el tiempo en el que ya pocas cosas están en su lugar pero aceptas esa belleza, la quieres y la disfrutas.

Siempre he sido una persona que he estado en mi peso, me considero delgada pero tengo una cara redonda y unos cachetes que me hacen verme con más peso, sobre todo en las fotos. De niña mis mejores amigas eran un hueso y aprendí a sentirme gorda aunque no lo estaba. Al compararme con ellas siempre iba a pesar más y no me sentía del todo contenta con mi cuerpo.

Después llego la menstruación y con ella dolores y sentimientos confusos. Sentía que mi cuerpo desechaba cada mes algo que no servía y en lugar de abrazar mi feminidad ese sentimiento estaba presente y hacía que la regla llegara de manera dolorosa.

Con un poco más de años descubrí el placer que podía darme mi cuerpo y me di a la tarea de conocerme a mí misma. No a través de relaciones sexuales sino a través de la aceptación de mi cuerpo, mi ser de mujer, y las cosas cambiaron.

Después descubrí la magia de compartir mi cuerpo a través del amor, de trascender en esos segundos en que dos seres se conectan y crean un espacio mágico. Y como una consecuencia de ese amor y la decisión de dos adultos, la maternidad.

Ahí entendí y ame la manera más bella de trascender en esta vida, el don de crear vida y permitir que crezca y se desarrolle primero dentro de ti y después a través de la leche materna, tu amor y tus cuidados.

Mi cuerpo cambio mucho y me tomo tiempo conocer y aceptar ese nuevo cuerpo. Ahora valoro aunque a veces reconozco que me gustaría cambiar, ese abdomen que dio vida, esos pechos que amamantaron y estas arrugas que han salido a lo largo de mi vida.

Adoro mi cuerpo, lo quiero, lo conozco y aunque me sigue dando sorpresas, quiero estar lista para disfrutar de esta plenitud. Después madurar y aceptar el nuevo cuerpo que surge con el paso de cada día.

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