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El poder de un abrazo

Han notado lo reconfortante que es un abrazo y lo mucho que los necesitamos tanto los adultos como los niños. Un abrazo recibido por tu pareja, por tus padres, por tus hijos, por una amiga siempre te levanta el ánimo y te hace sentir mejor.

Los abrazos conectan con la otra persona y te permiten sentirte acompañada en lo que estés viviendo, sea alegría, desánimo o simplemente las ganas de sentirte querida y apapachada. Ayer justo hablaba con una amiga de lo bien que se sienten los abrazos de nuestros hijos y lo necesarios que son.

Hablábamos del amor hacia los hijos y del amor que sienten nuestros padres hacia nosotras. Nunca pensé que saliendo de ese desayuno necesitara tanto un abrazo. Iba por la calle y por un descuido me caí haciéndome bastante daño.

En términos generales estoy bien, solo que regrese a casa como una niña pequeña necesitando un abrazo que le ayudara a mejorar sus heridas. La fortaleza y ese abrazo llego cuando mis pequeños salieron del Cole y me abrazaron y besaron las heridas.

Ayer, una vez más recurrí a mis pequeños para encontrar esa fortaleza que a veces falta. No hace tanto mi princesa me dio la fortaleza que yo necesitaba con un simple abrazo aunque a decir verdad la que necesitaba el apoyo era ella.

Suelo mantenerme fuerte cuando mis pequeños se enferman o tienen un pequeño accidente aunque por dentro mis piernas estén flaqueando pero el dentista y las extracciones de dientes de mi pequeña son algo que me cuesta soportar.

Ella muestra una valentía impresionante y esos mareos que siento los tengo que controlar para mostrarme tranquila. En la última extracción de dientes le dolió un poco la inyección de la anestesia y necesitaba un abrazo, mientras yo necesitaba también ese abrazo porque sentía que las piernas no respondían y tenía que estar fuerte a su lado.

La tome en mis brazos y nos abrazamos fuertemente por un buen rato. Mi mareo termino y las lágrimas de mi niña se secaron.  Al dejarla en el piso no dejaba de pensar en lo poderoso que puede ser un abrazo y lo poco que pensamos en ello.

Muchas veces sabemos que la otra persona lo necesita y nos quedamos con los brazos pegados a nuestro cuerpo y dejamos a esa persona huérfana de abrazos. Otras veces somos demasiado orgullosos para aceptar que necesitamos un abrazo más que nada.

El tema con nuestros padres es algo que me inquieta porque a pesar de que los abrazo cuando los visito, creo que no lo hago suficiente y me gustaría saber que sienten. ¿Necesitan mis abrazos a pesar de que ya están acostumbrados a que viva en otra ciudad, en otra casa, en otro mundo desde hace muchos años?

¿Sentirán aún esa necesidad de abrazarme y la reprimen o simplemente nuestra relación de amor ha cambiado y esas conversaciones eternas son esa muestra de amor que necesitan? ¿En qué momento dejaré de sentir esa necesidad de ser abrazada por mis hijos?

Yo reconozco una necesidad inmensa de abrazar a mis hijos y recibir sus abrazos, la necesidad inmensa de pasar tiempo con mis padres, la necesidad inmensa de abrazar y ser abrazada de mi esposo y la necesidad de ser abrazada de vez en cuando por los amigos. ¿Qué pasa con esa relación padre e hijo y los abrazos?

Mientras la vida me da la oportunidad de seguir adentrándome en el tema, regalemos nuestros abrazos, seamos compartidos con ellos y nos sentiremos mejor y quizá en el camino ayudemos a las personas que queremos a sentirse mejor.

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2 respuestas a El poder de un abrazo

  1. Lidia dijo:

    Me ha gustado mucho tu post. Los abrazos generan paz, y reconfortan. A mi me encantan. Y los de mis peques me enamoran 😉 Por cierto, a mis padres yo los sigo abrazando. Ahora vendrán pronto a visitarnos y cuando me imagino cómo será nuestro abrazo siento una gran emoción. Un abrazo nórdico.

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