Nacimiento Mateo

Crónica de un nacimiento

Recuerdo como si fuera ayer las últimas horas antes de que llegarás a nuestros brazos, Mateo. Fue un día rutinario y divertido, nada me hacía sospechar que estabas por llegar. Habíamos ido al doctor y todavía nos daban una semana más para que decidieras nacer, estabas acomodado y todo pero aún podíamos esperar una semana.

El día transcurrió tranquilo y la tarde con el paseo habitual con Miranda en el parque, vivíamos nuestra última tarde solas sin saberlo. La pequeña, con su año y ocho meses, corría como si en ello se le fuera la vida y mamá iba tras ella conforme el peso de la panza me lo permitía.

Corrimos juntas y después del cansancio la cargue para darle un buen baño. Ceno tranquila y se durmió con el cansancio habitual después de una ida al parque. Justo a las 8 pm comencé a sentir pequeños cólicos que se fueron convirtiendo en fuertes; la verdad pensaba que la cena no me había caído bien, en ningún momento pensé que ya estabas por llegar.

A las 10 de la noche esos cólicos se habían convertido en claras contracciones y le dije a papá que se fuera a la cama, yo le avisaría a qué hora estábamos listos. La casa estaba en paz, papá y Miranda dormían y yo aproveche esas horas para escribirte unas líneas en la libreta especial que casi no había tenido tiempo de tocar.

Mi letra se iba transformando con las contracciones y la historia se veía interrumpida cuando el dolor se sentía muy fuerte. Es ahí cuando me paraba o me hacía bolita para hacer el dolor más llevadero. Seguí escribiendo hasta que la frecuencia de las contracciones me impidió hacerlo y comencé a tomar el tiempo.

A las 2 am me di cuenta que ya era tiempo y le llame al doctor. Me vería en el hospital y ahora lo que me preocupaba es quien se quedaría con la pequeña. Mis padres tenían planeado el viaje hasta dentro de una semana y no se esperaban la llamada para decirles que tenían que estar en México inmediatamente.

Le hablé a mi querida amiga Brenda y ella le hizo compañía a tu hermana mientras papá y yo nos íbamos al hospital. Agradecí el haberme quedado casi hasta el final en casa, llegamos como a las 4 am al hospital con bastante dilatación.

Muy temprano, por la mañana, yo ya tenía 9.5 de dilatación pero tú habías decidido parar. El médico trataba de ayudarte a bajar y nos dio tiempo pero tú cambiaste de parecer. Estabas listo pero habías tomado un descanso.

Mi historial y la cesárea anterior no permitieron que termináramos el proceso de manera natural. Naciste y el verte sano me borro cualquier duda. Los primeros minutos fueron únicos y cuando nos volvieron a reunir en la habitación, donde papá nos esperaba fueron momentos para recordar toda la vida.

Esta vez tenía más emoción que susto, la mamá primeriza ya no estaba presente, ahora estaba presente una mamá que quería disfrutar todo con la mayor calma del mundo. Te prendiste a mi pecho y no lo soltaste hasta 8 meses después.

Hace 5 años de ese día y yo sigo recordándolo como si fuera ayer. Te amo Mateo, te amo.

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2 respuestas a Crónica de un nacimiento

  1. Juany dijo:

    Que linda anécdota! =)

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