Paseo alrededores Tamayo

Paseo en bicicleta en Reforma entre Antropología y Tamayo

El jueves pasado tuve una mañana mágica con los niños, nos divertimos, reímos y terminamos exhaustos. Preparé todo para un picnic y guardamos las bicicletas en el coche. Los niños querían ir a andar en bici a un parque nuevo y elegimos los alrededores del Museo Tamayo.

Nos fuimos muy temprano así que encontramos estacionamiento sin problema y comenzamos nuestra aventura en bici desde el Museo de Antropología al Museo Tamayo y de regreso. La distancia no es mucha pero nos dio para 40 minutos en bici con los niños, con sus pausas, pues íbamos explorando y jugando.

Del Museo de Antropología nos fuimos por Reforma y al llegar casi a la esquina de Gandhi dimos vuelta para dirigirnos al Museo Tamayo. Lo rodeamos en bici admirando las esculturas, el museo y unos juegos que no teníamos idea de su existencia.

De ahí tomamos el camino con fuentes hacia el Museo de Antropología y aprovechamos las coloridas bancas y las fuentes para jugar. Ellos eran los príncipes ninjas y yo la bruja que los perseguía. Después guardamos las bicicletas e hicimos un picnic en las bancas al lado de las fuentes.

Fue un picnic muy divertido y al terminar nos dio tiempo de jugar un poco a “Lobo, lobo, ¿estás ahí?” Sin gastar las energías que nos había dedo el picnic entramos al Museo Tamayo, uno de mis favoritos para explorar con los niños.

Los espacios son amplios y los niños siempre están abiertos a encontrar el arte cuando a veces me cuesta a mí misma encontrarla. Las exposiciones suelen ser muy entretenidas para ellos y los videos o grabaciones los atrapan.

Las exposiciones esta vez no me habían atrapado a mí hasta que llegamos a la sala donde se encuentra la obra de Carlos Amorales. Esa sala en específico suele exponer la obra de artistas que me atrapan y esta vez no me falló.

En la sala puedes ver platillos colgados que te invitan a observarlos, a ver como se mueven entre la gente que pasa y a observar a las demás personas. Los instrumentos están ahí para invitarte a tocarlos y siempre hay un atrevido que lo hace, de ahí comienza la melodía pues todos los demás se atreven.

Museo TamayoMis hijos estaban felices escuchando las percusiones que se hacían, los diferentes sonidos dependiendo de la posición, del tamaño y cómo iba cambiando el entorno con la participación de cada personal.

La 1 pm se acercaba y el cansancio en los niños se podía predecir. Ellos estaban excitados y con ganas de seguir pero uno sabe cuándo hay que parar y decidimos terminar nuestra visita cultural y de juego del día.

Me quede con las ganas de sentarme en el nuevo restaurante que tiene el museo, para desayunos, comidas o simplemente compartir un café o una copa con buena compañía después de admirar el arte. Esa visita la haremos otro día por los pronto los invito a visitar el museo con sus hijos, a hacer un picnic y a explorar los alrededores.

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