Reviviendo recuerdos en Valle de Bravo y creando nuevos con mis hijos

Hace casi un mes pasamos el fin de semana en Valle de Bravo con los peques. Su primera vez en un pueblo que significa tantos recuerdos de nuestra niñez y adolescencia tanto para Carlos como para mí. Valle es un pueblo mágico del Estado de México en el que puedes disfrutar de la naturaleza de una manera muy particular.
La última vez que fui a Valle ya iba con Carlos pero aún ni siquiera estábamos casados. Mis papás cada que podían rentaban una cabaña grande, invitábamos a los primos o algunos amigos que eran ya casi como hermanos y pasábamos una semana mágica al año.
Largas caminatas en el bosque al lado de la cascada y después una rica comida en el pueblo donde no podía faltar la visita al mercado de artesanías, donde yo compraba algo desde niña. Las cenas en los puestos de la plaza principal son memorables.

Dábamos un paseo en el lago y mi hermano o los más aventureros esquiaban un poco o hacían deportes acuáticos. Después nos subíamos al caballo o porque no a las motos. Ahora que lo veo como adulta independiente, ¡cuánto gastaban mis papás porque no solo eran sus tres hijos sino mínimo dos adicionales!

Mi esposo por otro lado vivió Valle de una manera muy distinta. Se quedaba en las casas de los amigos y lo que más recuerda es el lago y el pueblo. Grandes paseos en lancha, noches de fiesta y mucha diversión.

Ahora los años pasaron y es la primera vez que llevamos a los niños. Nos quedamos en el Hotel Misión que excedió mis expectativas y lo pasamos genial. La primera tarde fuimos a caminar al pueblo y me sentía feliz de crear los recuerdos de mis hijos en un lugar que significa tanto para ambos.

El pan dulce de pueblo, la frutería donde compramos unas mandarinas exquisitas y el mercado de artesanías donde pasábamos tantas horas corriendo mientras mi mamá compraba. No pude resistirme y me traje unas palas de madera para la cocina, una caja para los kleenex de pino cuyo olor es fantástico y les enseñe con orgullo los juguetes de barro con los que solía jugar.

Mi pequeña quedó fascinada y compro algunas cositas para jugar a “la comidita” con sus muñecas. Miniaturas que la atraparon como a mí me solían atrapar y me llevaron directo a mis recuerdos con mi abuela Lupe.

Cenamos en los tradicionales Churros de Valle y al llegar a nuestra habitación disfrutamos del fuego en la chimenea. Los niños estaban encantados de ver el proceso de prender la madera y de cómo ardía y daba calor en unos segundos.

Hablamos por horas hasta que el fuego se consumió y nos fuimos a dormir los cuatro juntitos. La mañana llego con una larga caminata al lado del río, escuchando la cascada e intentando traspasar el bosque mientras había camino.

Los niños se sentían libres de correr y respirar aire libre, esa si es vida. Visitamos a una amiga de la pequeña en otro hotel donde estuvieron haciendo actividades al aire libre mientras los papás disfrutábamos de una copa de vino.
La hora de la comida llegó y fuimos al tradicional restaurante “Los Veleros” donde Carlos nos contó sus anécdotas y los niños comenzaron a crear los propios. Tarde de alberca y noche de plática junto al fuego.

El fin de semana llegó a su fin y nos llenamos de paz y energía al estar disfrutando la naturaleza, comiendo rico y construyendo recuerdos con nuestros hijos.

Mercado de artesanías
Así eran mis juguetes de barro
Juguetes de madera

Share to Google Plus
Deja un comentario
Esta entrada fue publicada en viajes. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *