La amabilidad es contagiosa

Muy pocas veces nos percatamos de cómo influye nuestra manera de actuar en los demás, sin embargo al ser padres tenemos el mejor reflejo de cómo nos comportamos en nuestros hijos. Si observamos detenidamente podemos ver que si nosotros somos amables ellos procuran serlo, si nosotros gritamos ellos lo hacen también.

Sin embargo, esto no solo se queda en el ámbito familiar. Podemos contagiar la amabilidad y las buenas obras a las personas que nos rodean. Se han fijado el efecto de una sonrisa cuando recibes el cambio de la persona que te atiende y está serio, observen y algunas veces el cajero le sonríe o es más amable con la siguiente persona.

Vivimos en un mundo en el que nos perseguimos a nosotros mismos con metas y estrés y nos olvidamos de observar la gente buena que nos rodea y los actos buenos que pasan de manera desapercibida diariamente. El bien es callado pero si permitimos que nuestro corazón se abra lo podemos observar y contagiarnos de él.

¿Qué les parece un poco de amabilidad este año? ¿Qué les parece más sonrisas y simples buenos días y buenas tardes cuando entremos a los lugares? ¿Qué les parece detenernos unos segundos para recoger esa nota o ese libro que se le cayó a la persona de enfrente sin darse cuenta?

Los invito a probarlo y a ver el resultado callado de un simple cambio de actitud y si tiene hijos, les invito a observar el efecto que tiene en sus hijos. La mejor enseñanza no es con las palabras sino con los actos.

Esta semana vi como un coche de la policía se acercaba a una niña de la calle para darle un paquete lleno de comida caliente. Vi como otra mesa, en un restaurant, le daba sus tacos a una niña que no tenía que comer y recordé una foto que encontré en el periódico Reforma en diciembre: un policía atravesando a una persona mayor.

Pensando en todo esto vino a mi cabeza un artículo que leí en “The New York Times” que hablaba justo de lo contagioso que puede ser una buena obra y el efecto que tiene en las personas que la presencian. Empezaban el artículo con la famosa foto del policía que le compro unos zapatos a una persona que vive en la calle.

Hay quien puede pensar que esas fotos son solo intentos de cambiarle la imagen a la policía pero el artículo iba más lejos y mencionaba estudios que reflejaban que el ver un acto de caridad tiene efectos positivos en quien lo observa. Mencionaba que en las colectas de caridad, siempre sé donaba más después de ver una imagen de un niño desamparado o un niño haciendo el bien.

Mi intención no es invitarlos a donar en asociaciones, si ya lo hacen perfecto, pero lo que realmente quiero expresar es lo mucho que podemos hacer cada uno de nosotros con pequeños cambios en nuestra actitud diaria.

La amabilidad puede cambiar el mundo.

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