Preguntas y reflexiones antes de dormir

La semana se nos ha ido como agua en casa de los abuelos y los hemos disfrutado al máximo. Los días transcurren sin tiempo ni agenda y algunas veces el desayuno se junta con el café de media mañana y la visita de algún familiar.

Los niños corren libres por la casa, sabiéndola suya. El jardín es un paraíso de juegos como lo es un momento con la abuela, el abuelo o los tíos. Adoro esta calma, estos días mágicos que me traen con nostalgia mi infancia.

Hoy estuvimos todo el día en casa. Yo tenía grandes planes pero los pequeños prefieren quedarse con los abuelos y no los culpo, yo también. Nos consienten, nos miman y nos demuestran su cariño. Sin embargo esa calma no impide que las dos mentes y almas que me acompañan y me cuestionen se queden tranquilas. Después de un juego de damas chinas el sueño llego y con él la rutina para irnos a la cama.

Ya cuando me estaba despidiendo comenzaron las preguntas: mamá porqué clavaron con tres clavos a Jesús, quién lo clavo, quienes son los ángeles, que va a pasar cuando yo me muera, cuántos días falta para que llegue santa, y en el espacio exterior podemos vivir?

Con cada pregunta me sentía más pequeña. Confieso que no me sentía preparada para algunas de las preguntas, sin embargo fui contestando una por una pero de la respuesta surgía otra pregunta y yo con una urgencia tremenda de ir al baño. Terminamos las preguntas con un “descansen” y mañana hablamos, me llamo mucho la atención que después de un día especialmente tranquilo su alma estuviera llena con tantas preguntas.

Me encanta su curiosidad y procuro contestar de la manera más cercana a su edad para que comprendan pero a veces me dejan desarmada. ¿Les ha pasado a ustedes?

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