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Nuestra aventura en el sur de la ciudad

Este sábado amanecimos con mucha energía y mi esposo con ganas de complacerme y consentirme. Me pidió que eligiera el lugar a donde yo quisiera ir, sin importar que estuviera fuera de la zona de la ciudad donde solemos movernos.

Ni tarda ni perezosa elegí el sur y lo pasamos en grande. Me encanta la Ciudad de México, puedes ir descubriendo rincones y crear recuerdos en cada una de sus zonas. Según avanzábamos por Insurgentes iba disfrutando el ambiente sureño.

Cada zona tiene su estilo, la gente viste de manera distinta y el ambiente cambia. Nuestro destino era el Museo de Arte Carillo Gil, que no conocía y fue un gran acierto para compartirlo con los niños. Pagamos nuestros dos boletos de adulto (19 pesos cada uno) y el permiso de fotografía que les recomiendo mucho (10 pesos).

Comenzamos el recorrido y me encontré conobras de Siqueiros y Orozco, entre otros, que no conocía. Pero el descubrimiento mayor fue el espacio que tienen para niños y todo el público para expresarte. Es un espacio en donde hay caballetes, papel, lápices, gises y crayones para hacer tu propia creación.

Hay una pared de pizarrón donde te puedes explayar y tienes a la mano naturaleza muerta y disfraces para crear un retrato. Los niños se divirtieron también con el pequeño escenario con paisajes haciendo sus obras de teatro. Pasamos la mayor parte del tiempo ahí y los niños se sentían libres de pintar, expresarse y jugar.

La exposición de Richard Meier y sus espacios arquitectónicos llamaron mucho la atención de los niños. Se maravillaban cuando les explique que de una idea nacían esos dibujos, se convertían en maqueta y después en los edificios que veían en las fotos. Quieren viajar a muchos de los lugares para conocerlas en persona.

Al terminar de llenar nuestros sentidos con el arte salimos con mucha hambre y fuimos al Restaurante La Buena Fe. Este lugar me trae muchos recuerdos porque cuándo éramos novios solíamos ir Carlos y yo bastante seguido.

Esta vez lo vivimos de una manera muy diferente, como familia y lo disfrutamos mucho. Tienen un lugar para que los pequeños se entretengan, se supone que tienen una nana pero la verdad solo está de adorno. Sin embargo mientras tú estés al pendiente de tus hijos no se necesita.

No podían faltar unos tequilas, una sopa de tortilla, la milanesa manchega y una cecina que estaba para chuparse los dedos. Tiene un menú sin costo de muy buena calidad para los niños: sopa de fideo y hamburguesa. Nuestros pequeños compartieron nuestros platos y ya que habían terminado de comer se fueron a jugar, mientras Carlos y yo nos tomamos el café y otra copa.

Pasamos una tarde estupenda, sentados al lado de un balcón, echando a volar los recuerdos y construyendo sueños juntos. Ese fue nuestro gran sábado en el sur de la ciudad, esperemos tener otra aventura así pronto.
Cuando vayan al Museo de Arte Carrillo Gil les recomiendo estacionarse en Pabellón AltaVista, es muy cómodo y tiene convenio con ellos.

Les comparto las obras de arte de mis pequeños:

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