Colecho 2

Sueño feliz no significa lágrimas de nadie

Vivimos en una sociedad donde los resultados los queremos rápido y fácil. Nos hemos olvidado lo delicioso que es disfrutar la vida y a veces nos queremos tomar la crianza de nuestros hijos como una receta de cocina: aplica esto, pon estos ingredientes y el resultado lo verás en 5 días.

El sueño de los niños no es la excepción y he escuchado muchos métodos pero el que más me han recomendado es el Método Estivill con el libro “Duérmete Niño”. Debo reconocer que no he leído el libro aunque me lo han mencionado, recomendado y explicado: Dejas llorar a tus hijos algunas noches para que aprenda a dormir solo.

No lo entiendo, ¿quién me puede pedir que deje llorar a un bebé indefenso que traje a este mundo con todo mi cariño? Un bebé al que cuide nueve meses en mi vientre y a la hora de traerlo a nuestra realidad queremos imponerle normas establecidas por alguien más desde el momento en que pone un pie en esta tierra.

Es algo que puede más que mi misma, mi instinto es cuidar, criar y proteger ese ser que me necesita, que necesita mi contacto, mi piel y mi voz. No he querido dejar llorar a ninguno de mis hijos y no creo que esa sea la repuesta.

Hay gente que va por la vida diciendo que es dura y que te pone pruebas, por ende nuestros hijos deben acostumbrarse a un mundo duro desde que están pequeños. Nada más falso y falto de bases. Si veo mi propia vida yo considero que mi niñez ha sido la mejor época de mi vida y eso quiero lograr con la de mis hijos.

Dejar llorar a un niño no es resolver el sueño de la familia, es angustiar y darle el mensaje a nuestro hijo erróneo. Ese bebé que llora mientras nadie lo atiende obtiene un mensaje muy claro desde la cuna: aunque se exprese a nadie le importa lo que siente, si quiere compañía su padres no están dispuestos a dárselas.

La madre por otro lado tiene que hacerse sorda de sus instintos, no seguir su sentido común que es correr al lado de su hijo cuando llora y necesitan algo de ella. Nunca leí el libro ni pienso hacerlo, me basto con lo que me contaron. No puedo ir contra mi misma, no puedo contra mi naturaleza, no puedo contra el amor que siento por mis hijos. No me malinterpreten, no juzgo a quien ha utilizado el método, cada familia es un mundo pero en mi opinión no resuelve nada.

Toda nuestra vida va dejando huellas en nuestro corazón, en nuestro ADN y en nuestra piel. Los primeros años de vida son muy importantes y determinaran demasiadas en ese ser y a veces no nos damos cuenta.

Un niño cuidado, protegido, consentido y criado con límites cariñosos se convertirá en una persona segura de sí misma. La vida le pondrá pruebas como a todos pero en mi experiencia sabrá librarlas porque confía en sí mismo, en su gente y porque fue inmensamente feliz cuando su única tarea era serlo.

La crianza es una época hermosa que exige de los padres un esfuerzo extra, un redoble de energía que a veces se escapa pero que es una inversión a largo plazo. El dormir con mis hijos es más que dormir todos tranquilos, es olerlos, sentirlos, observarlos y crear memorias en los cuatro corazones que formamos esta familia que duraran por siempre.

Hay estudios científicos que muestran los resultados de dejar llorar a los pequeños por las noches o en cualquier momento. Yo me baso en mi experiencia y no lo recomiendo. Un niño se expresa desde pequeño y el llanto del bebé por más molesto que pueda resultar a veces es su manera de decir estoy aquí, necesito esto, necesito aquello. ¿Qué mejor que escuchar a tu hijo y crear una relación de confianza desde el principio?

Nuestra experiencia me dice que el sueño feliz y tranquilo de mis hijos es el nuestro y que el sentir, oler y observar a mis hijos al despertar es uno de los grandes placeres de la vida.
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