Tormentas, calmas y otras vanalidades

Escribo estas líneas como una manera de sacar todo lo que tengo dentro. Ayer cumplió 70 años mi papá y hoy habrá una fiesta sorpresa a la que no podré asistir, me separan kilómetros de distancia y a pesar de tener todo planeado para estar ahí, el universo quiso que me quedara donde estoy.

Tengo dos noches en vela, Miranda lleva 48hrs con fiebre entre 39 y 40. Y por si no fuera poco ayer por la noche Mateo también comenzó con la fiebre. Hoy la pequeña tuvo un día mejor pero como son las anginas solo es cuestión de que llegue la tarde para que la fiebre suba.

Tengo ganas de correr y meterme debajo de una piedra y que nadie me encuentre, que nadie me hable, pasar desapercibida para poder descansar. Al escribir esto saco mi enojo y también me doy cuenta de lo afortunada que soy al poder cuidar a mis hijos y acompañarlos en sus enfermedades de  la niñez.

Creo que las mujeres tenemos en nuestros genes la capacidad de atender varias cosas a la vez, curar, consentir, trabajar desde casa, ir unos minutos a la oficina y sacar energías de nuestra fortaleza interna para seguir medio funcionando a pesar de las horas sin sueño.

Sin embargo los hombres no pueden, se desesperan en unos minutos de vivir la dinámica de una casa con dos pequeños enfermos, de una mamá cansada y totalmente se desconectan. Me fascinaría tener esa capacidad pero no puedo y no entiendo su egoísmo.

Lo siento por estas líneas tan llenas de enojo pero necesito sacar de alguna manera todo lo que siento.
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2 comentarios
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2 respuestas a Tormentas, calmas y otras vanalidades

  1. Oli dijo:

    Es normal sentirse así de vez en cuando, no somos de fierro! Espero que los peques se sientan mejor. Te mando buenas vibras para una rápida recuperación de los niños. Un abrazo.

  2. Rozzy dijo:

    Hola, se perfectamente lo que sientes, me ha pasado hay ocasiones en que es pesado tener todo listo sin ayuda de otra persona, pero todo se recompensa cuando los peques mejoran y desbordan todo su amor y cariño con su mami ese es el momento en el cual todo el esfuerzo, desvelos se olvidan y obtienes tu recompensa ver una carita feliz y sonriente, te envio un fuerte abrazo “Que el viento sople a tu favor”.

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